Marina
Nunca pensé que el dolor pudiera llegar a sentirse de esta forma, no hablo de un dolor físico, sino de ese que llevamos dentro.
Que empieza como si fuese una sensación de ahogo, y luego se vuelve un peso muerto de nosotros hasta que finalmente se dispara por todo el interior como cientos de agujas enterradas en la piel.
Así es como me siento justo ahora, mientras camino por las desoladas calles de la ciudad. No tengo mi celular, o mi cartera, o dinero. No tengo nada.
Trago el nudo de emoc