Salvador
No he dormido.
El reloj marca las tres y cuarenta y cinco de la madrugada. El silencio en la mansión es tan espeso que puedo oír el tictac del viejo reloj de péndulo desde el pasillo.
Estoy en mi estudio, solo con el sobre de manila que Alex me entregó horas atrás. Aún no lo he abierto. Parte de mí no quiere hacerlo. Parte de mí teme lo que pueda encontrar ahí.
Rompo el sello con los dedos temblorosos.
Página tras página, el rompecabezas que es Marina se empieza a armar o al menos eso