Marina
No. Nada parece estar bien.
Sus palabras quedan suspendidas entre nosotros como una sentencia. Una que se clava en mi pecho con fuerza, porque no esperaba escucharlo decir eso.
No Salvador.
No él. Siempre tan altivo, tan invulnerable. Pero no parece él mismo en los últimos días, o tal vez finalmente estoy viendo al real, al verdadero.
Más humano, sin embargo, también sé que no está bien. Puedo verlo, ahora lo veo ahí, con los hombros caídos, las ojeras marcadas, la mirada perdida. Y de