Clara
HORAS ANTES.
Cuando salgo del edificio, el sol me pega directo en la cara. Es ese tipo de mañana en que todo parece estar en su sitio. El cielo limpio, la brisa suave y mis pensamientos llenos de Federico.
Dios mio, ni siquiera puedo creer que yo esté babeando por un tipo y mucho menos por él.
No sé cuándo fue que este hombre arrogante y pomposo se metió tan profundo bajo mi piel. Cuando lo conocí, lo detestaba. Me parecía un idiota altanero, demasiado consciente de su atractivo que hacía