Salvador
Odio estas cenas.
No porque tenga que ver a mi abuelo. No porque tenga que aguantar la mirada petulante de mi primo. Sino porque cada vez que nos sentamos en la misma mesa, es una guerra silenciosa.
Una competencia disfrazada de cortesía.
Ajusto el cuello de mi camisa mientras camino hacia el comedor. El viejo ya está sentado.
Don Alessandro Montenegro. El hombre que construyó un imperio de la nada.
Mi abuelo.
A su lado, Federico, mi primo. Con su m*****a sonrisa arrogante y su porte de