Marina
Han pasado quince días desde que mi vida se convirtió en una versión de pesadilla de Downton Abbey.
Quince días de humillaciones, reglas absurdas y órdenes que tengo que acatar si no quiero que el infierno sea peor.
Y mejor ni hablar del tonto episodio que tuve enfrente del diablo Montenegro, gracias a Dios su insensibilidad hizo que ni siquiera tocara el tema después, lo cuál me parece perfecto.
Sin embargo, los últimos tres días han sido un respiro.
Salvador y Renata se han ido de via