Capítulo 11
El sol de la mañana entraba a raudales por las ventanas de la casa, iluminando los pasillos que ahora se llenaban con carreras de risas y gritos por todos lados. Roma William, ya una mujer adulta de 30 años, que corría detrás de sus hijos, Dalhia y Mateo. Los mismos que parecía competir para ver quién llegaba primero al desayuno esa mañana del penúltimo día de verano.
— ¡Mamá, me alcanzaste! —gritó Dalhia, saltando sobre la alfombra del comedor.
— Eso es trampa — replicó Mateo, con