Capítulo 12
Una semana después, el gran evento por fin había llegado. Roma observaba el salón terminado con una mezcla de orgullo y agotamiento. Todo estaba impecable como debía de ser: lámparas de cristal iluminaban el lugar, las mesas vestidas con manteles blancos caían en pliegues con bordes dorados perfectos, y los centros de mesa con flores rojas daban un toque vibrante y elegante. La música suave de un cuarteto de cuerdas llenaba el aire, todo diseñado para complacer a esos tiburones de t