92. Una vampira y una loba
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Omnipresente
Los pasos resonaban en la oscuridad, cada vez más cerca, y un escalofrío recorrió la espalda de Santa. Sintió cómo se le erizaba la piel y apretó los puños con fuerza.
—¿Quién está ahí? —repitió, esforzándose por mantener la calma.
De pronto, varias sombras emergieron de entre la neblina con una velocidad aterradora. Se movían como espectros, deslizándose sin esfuerzo en la penumbra.
Un vampiro de aspecto repulsivo se detuvo frente a ella y la observó con una sonrisa burlona.
—M