98. Ya sabes como es
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El amanecer tiñó los bosques de un dorado tenue. La niebla se retiraba como un ejército derrotado. En los límites de la manada, Mason y Alaric esperaban con la tensión marcada en el rostro. No habían dormido. Sus oídos estaban atentos a cualquier ruido.
Entonces, el silencio se quebró.
Entre las sombras de los árboles, una figura emergió. Adara. Con el cabello revuelto, el andar firme, y un bulto cálido en brazos. Ares dormía, su respiración tranquila, ajeno al peso de todo lo ocurrido.
—¡Po