97. No te la llevas
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La batalla había terminado. El castillo de Ekaterina era ahora una ruina humeante. El cielo clareaba tras siglos de sombras. Los cuerpos, las cenizas y los ecos del enfrentamiento se disolvían entre el viento frío.
Pero no había celebración.
Solo alerta.
Mason y Alaric flanqueaban a Adara mientras caminaban entre restos de columnas derrumbadas, ayudándola a mantenerse en pie. Ella estaba agotada, sus heridas superficiales casi cerradas, pero el alma… el alma temblaba.
Delante, Vlad Tempest c