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Las puertas del trono se cerraron tras ella con un eco pesado, como el portazo de una tumba. Adara se mantuvo firme, aún con los sentidos alterados por la presencia de tantos vampiros antiguos. Sabía que estaban hambrientos, curiosos, entretenidos... y cada uno de ellos la miraba como si fuera parte de un espectáculo diseñado para su diversión.
Desde las alturas del castillo, entre vitrales rotos y estatuas cubiertas de polvo, Vlad Tempest la observaba oculto. Nadie más sabía que el primer r