50. Cadenas invisibles
50 Adara
Recién había despertado por las sutiles caricias de Alaric, su pregunta me hace abrir un ojo y mirarlo un tanto confundida, supongo que se debe a la saturación de cansancio postcoital.
—¿Quieres cenar? —pregunta Alaric acariciando mi espalda con toques tan ligero como la pluma— o tal vez quieres que busqué la comida para nosotros y nos escondemos un rato más en la habitación.
—Luego de mi castigo me consientes —hago un ligero puchero, porque ya me he acostumbrado a ellos haciendo lo qu