12. Lobos enredados
12. Narrador Omnipresente
Adara sentía el cuerpo pesado, sin embargo, se sentía cómoda donde estaba acostada, se acomodó tirando la mano a un lado y sintió un abundante pelaje y calientito, se arrimó más al calor sintiéndose protegida y cálida. Estiró más las piernas y allí había más calor, se sentía en un nido de calor indescriptible, tenía miedo de abrir los ojos y despertar sola en su fría cama.
—Pequeña, abre los ojos —escuchó la voz de uno de sus mates.
Aun para ella era increíble que tu