EMMANUEL
Verla despertar con su cuerpo desnudo sobre el mío era lo único que me anclaba al presente.
La habitación estaba en silencio, y el calor de Lois seguía vibrando, aunque la noche ya se había ido hace muchas horas. Su respiración era tranquila, pero sentí que sus dedos se movían suavemente, como si buscara algo incluso dormida. Tenía el cabello desordenado sobre la mejilla y los labios ligeramente entreabiertos. Apreté su cintura despacio, sin despertarla, y besé la curva de su cuello.
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