Triple P. Parte 1
La cabaña olía a ella, cada rincón respiraba su esencia: esa mezcla dulce y feroz que se le adhería a la piel como la primera marca de luna llena.
Emmanuel no necesitó verla para saber que Lois estaba cerca. Bastó con abrir la puerta para que su instinto se tensara, para que su mandíbula temblara, para que su lobo lo empujara hacia el interior.
Pero no estaba solo. A su lado, Aidan respiraba con la misma ansia contenida, aunque intentaba ocultarlo detrás de esa quietud de vampiro domesticado.
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