Enzo
El salón es un cadáver destrozado, un eco de la furia que se desató hace apenas una hora.
Las astillas de la mesa rota crujen bajo mis hermosos zapatos, los candelabros yacen torcidos en el suelo, y las cortinas cuelgan como jirones de piel. Me siento en la única silla que sigue en pie, su madera fría contra mi espalda, mis manos descansando en los reposabrazos como si esto fuera un trono y no una ruina. Frente a mí, Thorne está de pie, su figura imponente, un lobo a punto de morder. Sus o