Lois
El agua era un abrazo frío y traicionero, pero yo la sentía como una extensión de mí misma, un torrente que me impulsaba hacia adelante con una fuerza que no reconocía. Nadaba más rápido de lo que jamás había imaginado, mis brazos cortando la superficie en arcos precisos, mis piernas pateando con un ritmo que parecía provenir de algún lugar profundo, instintivo. Detrás de mí, oía sus risas roncas, entrecortadas por el chapoteo, y el agua que se agitaba como si dos tormentas las persiguiera