LOIS
La noche anterior había sido un torbellino: el río, la cascada, esa conversación sobre los humanos que me había dejado con un nudo en el estómago. No había dormido mucho, mi mente dando vueltas a las fronteras, a los edificios lejanos que representaban un mundo que nunca había tocado. Pero el amanecer traía una realidad más inmediata: el entrenamiento. Zane ya no estaba en la ecuación, no después de la escena con Ezequiel y Emmanuel.
Ahora eran ellos mis entrenadores, y el duelo se acercab