—¿Qué haremos? —fue lo primero que pregunté.
Donovan me miró con intensidad, dejando en claro sus sentimientos. Rabia, enojo, traición. También una inmensa tristeza.
Podíamos crearnos una armadura. Usarla cada día con mucho orgullo. Creemos, ilusamente, que eso bastará para protegernos de cualquier daño que venga en nuestra dirección.
Pero hay armas que pueden traspasar armaduras.
Para Donovan, eso era que su propia madre hubiera actuado a sus espaldas, hiriendo no solo a mi hermano menor en el