Soltó un suspiro, embobada. Se levantó de la cama, sonriendo ligeramente. Le había gustado que le diera la libertad y el poder por un rato.
Sentí sus suaves manos sobre mí, liberando mi pecho y lanzando la camisa hacia algún lugar de la habitación. No se veía sorprendida al observar mi abdomen, más bien tenía la expresión de que era exactamente lo que esperaba ver.
—¿Te gusta lo que ves?
—Sí —admitió con honestidad—. Pero me gustarás más dentro de unos minutos.
—¿Minutos? —Fruncí el ceño.
Una d