El sudor comenzó a cubrirnos, la temperatura de la habitación se elevó mientras sus gemidos me enloquecían.
Sus gestos me estaban haciendo perder el control. Con cada embestida soltaba algún jadeo, mientras sus ojos se cerraban y mordía sus propios labios para contenerse. Sus manos se crispaban, sus mejillas se encontraban completamente rojas mientras una ligera capa de sudor cubría su frente.
El movimiento de sus caderas exigentes estaba acompañado por el bamboleo de sus pequeños pechos.
Gritó