—¡Donovan! —exclamé, sonrojada.
Mi cabeza volteó en un ángulo bastante antinatural, considerando que era solo una humana. Cuando lo miré, noté que estaba recostado contra el umbral de la puerta, con una actitud tan cómoda y tan relajada que por un segundo pensé que todo eso fue solo parte de mi imaginación.
Pero no.
Ahí estaba él, confesando ser mi novio sin siquiera dudar. Me causaba vergüenza que escuchará nuestra absurda conversación. Sobre todo, porque no estaba claro que éramos. ¿Novios?