Reí por lo bajo cuando noté que Marilyn se puso visiblemente nerviosa al notar que el monarca estaba frente a ella. Comenzó a fingir que arreglaba las cosas en la cocina, mientras le huía a su mirada.
—No, aún me quedan un par de preguntas más —respondí con naturalidad.
Marilyn intentó hacerme una seña para que dejara esa actitud, lo que me hizo sonreír. Aún no me volteaba verlo, pero no me hacía falta para saber que su expresión no debía ser amigable.
Sin embargo, ya no le tenía miedo.
—¿Desde