—Juliette —lo escuché llamarme, justo cuando estaba a punto de salir.
El gran salón era inmenso, por lo que su voz se escuchó con fuerza incluso cuando solo fue un susurro. Le dediqué una mala mirada, a lo que él sonrió con un poco de vergüenza.
—¿Sí? —respondí, dudosa.
Camille se había marchado, murmurando que iba a dejar a los tortolitos solos, pero prometiendo pasar el rato conmigo luego. No sabía si eso era una promesa o una especie de amenaza, pero igual me sentía ansiosa.
No confiaba en e