—¿Qué ha pasado? —preguntó, volteando hacia mí.
Miré con pánico hacia nuestro atacante, al menos así fue hasta que Donovan levantó su mano derecha, mostrándome el arma que le había arrebatado. Como si supiera que eso era lo que me tenía alterada, la partió en dos en un simple movimiento de sus manos.
Lanzó al piso la culata y el cañón completamente separados, sacudiéndose los restos de las manos. Su ceño seguía fruncido, mientras soltaba un par de maldiciones por lo bajo mientras veía el caos a