—Maldición, maldición, maldición —grité, comenzando a destruir todo lo que estaba a mi vista en esa maldita cabaña.
Los pedazos de madera volaron por los aires. Todo mi cuerpo temblaba del enojo, de la ira. Jamás me había sentido tan inútil. Jamás había sentido la desesperación de llegar tarde.
Pero sucedió. Ella estaba aquí y yo llegué demasiado tarde.
Grité una vez más, sintiéndome tan desesperado como nunca en mi vida. Mis manos temblaron y ni siquiera me importó actuar como un desquiciado frente a los demás.
—Donovan —Elliot intentó calmarme, sin embargo, Mara lo detuvo.
Elliot también se veía abatido. No tenía el mismo sentimiento que yo, pero sabía que estaba haciendo hasta lo imposible por encontrarla. Porque él sabía que sin ella...
El submundo estaría en claro peligro.
Lobos, brujos, vampiros. Quién fuera que estuviera detrás de esto. Quién fuera que estuviera ayudando de una forma u otra. Todos pagarían.
—Voy a matarlos a todos —prometí, sintiendo una gran sed de sangre—. No