Valeria tragó saliva. Le costaba sostener el aparato, como si el peso del texto se le hubiera incrustado en los dedos.
—Tengo que ir con él —murmuró, apartándose de Noah.
Él negó de inmediato, la mirada dura.
—Lo sé, pero, ¿crees que sea buena idea hacerlo ahora? Estas un poco alterada aún.
—Estoy bien —intentó convencerlo, aunque su voz tembló.
Noah la sostuvo por los hombros.
—No, no lo estás… —dijo, más bajo, como si temiera afectarla—. y no quiero dejarte así. Te voy a esperar cerca y no e