La oficina de Ruiz olía a café recalentado y papel impreso. Valeria estaba sentada frente al escritorio, con los nudillos blancos de apretar los brazos de la silla. En la pantalla de la computadora, el artículo seguía abierto: "Testigo anónimo vincula a Strozzi con confesión de fraudes en México".
—Es mentira. —Su voz salió más aguda de lo que pretendía—. Todo es mentira.
Ruiz estaba al teléfono, con el auricular presionado contra el hombro mientras tecleaba rápidamente.
—Entiendo... Sí, neces