La noche había caído sobre Texas como un manto espeso, con un cielo despejado y una luna enorme que parecía vigilar desde lo alto. El camino de regreso al rancho estaba iluminado apenas por los faros de la camioneta. El polvo se levantaba en nubes suaves que se deshacían en el aire, mientras Eva miraba por la ventanilla, en silencio, fingiendo indiferencia.
El trayecto era tenso, cargado de todo lo que ninguno de los dos se atrevía a decir en voz alta. Luca conducía con las manos firmes sobre e