El estruendo de las balas se volvió insoportable. Las ruinas temblaban con cada impacto, y el aire se llenaba de polvo y humo. Luca disparaba sin descanso, cubriendo a Eva mientras ella ayudaba a Marina a mover a Santiago.
—¡No resistiremos mucho más! —gritó Eva, jadeando.
Mateo, cubierto de polvo, señaló un pasaje estrecho entre las rocas al otro lado de las ruinas.
—¡Por ahí! Hay un desfiladero. Si llegamos antes que ellos, podemos desaparecer en la oscuridad.
Luca disparó una última ráfaga y