La madrugada llegó cargada de viento frío. El fuego se había apagado, y solo quedaban brasas agonizantes que apenas iluminaban los rostros cansados. Eva despertó de golpe, con la sensación de que algo no estaba bien.
El silencio era distinto. Demasiado pesado.
Se incorporó con cuidado, sin despertar a Marina, y buscó con la mirada a Luca. Lo encontró unos metros más allá, agazapado con el rifle entre las manos, observando la oscuridad. Mateo estaba de pie junto a él, como una sombra inmóvil.
Ev