La casa de Santiago Durán estaba construida como una fortaleza. No era ostentosa, pero cada detalle hablaba de estrategia militar: rejas reforzadas, cámaras en cada ángulo, puertas metálicas que se cerraban con doble seguro. Para Eva, acostumbrada a las redacciones llenas de ruido y a los cafés abarrotados de periodistas, el lugar tenía algo de claustrofóbico.
Esa primera noche apenas logró dormir. Cada vez que cerraba los ojos, veía las luces de la camioneta negra en el estacionamiento del mot