De regreso al rancho, el silencio entre ellos era tan denso que parecía llenar todo el interior de la camioneta. Eva mantenía los brazos cruzados, la mirada fija en la oscuridad de la carretera, como si se obligara a no pensar en lo ocurrido en la fiesta. El vals, las miradas de Luca sobre ella, los hombres mencionando el nombre de Martínez, la tensión en el aire… todo se mezclaba en un torbellino que no lograba ordenar.
Luca, al volante, tenía la mandíbula apretada. No había dejado de vigilar