Eva cerró la puerta de su habitación de golpe y se apoyó contra ella, intentando recuperar el aliento. Se llevó una mano al pecho, como si así pudiera contener el ritmo frenético de su corazón. El beso de Luca aún ardía en sus labios, y aunque había huido de él, sabía que huir de lo que sentía sería imposible.
Se dejó caer sobre la cama, mirando el techo a través de la penumbra. El rancho estaba en silencio, pero en ese silencio podía escuchar el eco de sus pensamientos: cada discusión, cada ro