El contacto de su mano firme en la espalda, el roce de sus dedos entrelazados, el calor de su cuerpo tan cerca… todo conspiraba contra su resolución de mantener la distancia.
—Eres peligrosa, Eva Rusell —murmuró Luca, rozando su oído con su voz grave.
—¿Y tú qué eres? —preguntó ella, sin apartar la mirada.
—Un hombre que ya no puede ignorar lo que siente.
El mundo pareció detenerse por un instante. Eva sintió que las defensas que había construido se tambaleaban, y por un momento pensó en rendir