“Tendrás una palabra de seguridad”, dijo Lucian, con sus manos moviéndose suavemente mientras arrastraba el rollo de cuero sobre la piel de ella.
Su respiración se volvió pesada y su pecho se elevaba con fuerza; el látigo zumbó levemente cuando él lo tensó en su puño.
“¡Ah!” Un jadeo agudo escapó de su garganta al sobresaltarse.
“Una palabra, y todo se detiene.” Sus pies se movían repetidamente en círculos alrededor de ella. “Una palabra, y te dejaré gatear de vuelta hacia la luz.”
Sus pestañas