"¡¡Che stronzata!!” (¡Maldita sea!)
En un movimiento fluido, un vaso de cristal se estrelló contra la pared, estallando en pequeños fragmentos que se esparcieron por el suelo de mármol. El eco cortó la atmósfera de la sala como un disparo.
Rafael estaba de pie en el centro de la habitación, con el pecho agitado y los nudillos tan apretados que se habían vuelto blancos. Su camisa negra se le pegaba a la espalda por el sudor, tenía el cuello desabrochado y el cabello negro revuelto de habérselo p