CAPÍTULO — La Luz que Vuelve a Casa
El auditorio estaba lleno. No de ruido, sino de expectativa por lo que pasaría ese noche.De esas que se sienten en la piel, en la respiración compartida, en los silencios que anteceden a algo importante. El aire olía a madera, a perfumes delicados y a ese aroma metálico que flota en los edificios de medicina, una mezcla de rigor y esperanza.
Mía Castell estaba sentada en la segunda fila, con la toga perfectamente acomodada sobre los hombros y el birrete ap