CAPITULO — Donde el Amor se Viste de Blanco y Esperanza
(Punto de vista de Milagros)
Nunca imaginé que organizar un casamiento pudiera sentirse así.
No había ansiedad en ningún momento.
No había apuro porque todo salía sin contratiempos.
No existía esa presión absurda de que todo tenía que ser perfecto, espectacular, inolvidable para los demás.
Y mucho menos ahora, que estaba en la cama, en reposo, con esa orden casi sagrada de “no hagas nada” flotando sobre mi cabeza como una advertencia