CAPÍTULO — ENTRE NERVIOS, MIRADAS… Y PIEL DE FAMILIA
La casa de Martina estaba lleno de ese tipo de vida que no se puede fingir: una vida que llora, que ríe, que pide pañales a los gritos desde otro cuarto y que huele a café recién hecho mezclado con jabón de bebé, a ropa limpia doblada de apuro y a nervios conteniditos que vibraban en el aire como un zumbido dulce.
Liam lloraba con una vocecita suave pero firme, como si ya supiera que el mundo respondía cuando él lo llamaba, y Olivia iba y v