Capítulo — Entre almohadas y promesas
Los primeros días con Mía fueron un huracán de ternura y desvelo. Sofía se sentía como si hubiera corrido una maratón sin haber entrenado: feliz, agotada, con esa mezcla de dolor dulce que solo conocen las madres recién paridas.
En la habitación, la rutina era simple pero intensa: dar de mamar, cambiar pañales, controlar el sueño de Ayden, y todo con el cuerpo todavía sensible.
—Yo te juro que me siento como una momia —confesó Sofía, recostada de co