Capítulo — Entre dos orillas
Los días pasaban como un suspiro, y la vida comenzaba a encontrar un nuevo ritmo en la casa de los Medina-Acosta. Era un ritmo distinto, marcado por los latidos de una recién nacida, por las horas de sueño entrecortado y por ese silencio sagrado que se extendía cada vez que Zoe o Lili lograban dormir. La casa respiraba ternura, cansancio y, sobre todo, un amor palpable que se desbordaba en cada gesto cotidiano.
Guillermo, con su licencia médica de veinte días —bene