Capítulo — La espera del milagro
La mañana del lunes amaneció gris sobre Montevideo. El cielo estaba cubierto de nubes bajas, sin lluvia, pero con ese aire espeso que parece aplastar la paciencia de quienes esperan demasiado. En la casa, Sofía iba y venía como un fantasma. Se detenía frente a la computadora, refrescaba el correo electrónico una y otra vez, revisaba el W******p, actualizaba. Nada.
El reloj marcaba las diez y media, y las horas se volvían de plomo. Ayden balbuceaba en la manta,