Tomás Alcántara llamó el miércoles.
Por el celular esta vez. El que ella le había comprado con la pantalla en modo alto contraste. El que usaba cuando estaba en su habitación con tiempo suficiente para marcar despacio y sin la presión del pasillo compartido de la residencia.
Renata lo vio encenderse a las tres de la tarde, en el sitio de Gastown, entre la segunda y tercera junta del quinto edificio que Thomas estaba preparando para el siguiente tramo de microabrasión.
Contestó.
—Papá. ¿Estás bi