El vuelo nocturno a Bogotá salió a las once y cuarenta y cinco de YVR.
Elena durmió las primeras cuatro horas con una regularidad que Renata registró en el cuaderno pediátrico porque los datos de sueño en vuelo podían ser útiles para la vuelta. La quinta hora fue diferente: la presión de cabina había cambiado ligeramente durante el descenso inicial hacia el continente y Elena lo registró con el sistema de detección de variaciones que tienen los bebés de cuatro meses y que es más preciso que cua