El primero de noviembre, Renata llamó a Quesada.
Elena tenía veinticinco días. La llamada fue desde el apartamento del East Side, con Elena dormida en la segunda habitación y el cuaderno de La Candelaria abierto en la mesa junto al café de la mañana.
—Señor Quesada. La visita al edificio de La Candelaria que teníamos planificada para noviembre.
—Sí, la tengo en el calendario para el quince.
—Necesito reprogramarla. —Una pausa—. El quince Elena tiene cuatro semanas. No es el momento correcto par