El segundo día de Emilia en Vancouver fue diferente al primero.
No porque hubiera cambiado la dinámica. Sino porque el primer día fue el encuentro y el segundo día fue lo que viene después: el espacio donde ya no hay que establecer nada y solo queda ver qué hay.
Emilia llegó a las diez de la mañana con el abrigo técnico correcto y sin anunciar qué quería hacer, lo cual era nuevo. En Bogotá, Emilia siempre llegaba con una agenda aunque la agenda no estuviera escrita.
Aquí llegó sin agenda.
Adria