La cena fue lentejas con especias y arroz.
No era una cena de celebración. Era una cena de martes disfrazada de sábado, del tipo que se hace cuando el cuerpo necesita hierro y la cabeza necesita el tiempo que tarda algo en cocinarse para procesar lo que tiene que procesar. Las lentejas tardaban cuarenta y cinco minutos y ese era exactamente el tiempo que Renata necesitaba.
Adriano llegó a las siete con un vino tinto de Mendoza que había elegido en el supermercado de la calle Hastings sin que na