El seis de diciembre, Emilia Salcedo llegó a Vancouver.
No al apartamento del East Side. Al hotel del centro donde Adriano tenía habitación permanente desde que la sede distribuida del Grupo Salcedo había formalizado su presencia en la ciudad. Llegó con una maleta de tres días y sin asistente, igual que la primera vez que había venido.
Esta vez Adriano la fue a buscar al aeropuerto.
No porque Emilia necesitara que alguien la fuera a buscar. Sino porque Adriano había decidido que era el gesto co